martes, 20 de octubre de 2009

Gabriela, un viaje sin fronteras

A veces pensamos que las fronteras son los límites de espacio físico, tal como la definición que nos ofrece el diccionario. Sin embargo, hay fronteras en términos de tiempo y de generación que emocionan cuando las traspasamos, como cualquier viaje que nos lleva de un país a otro.
Esta primera intervención quiero dedicarla a mi hija Gabriela Isabel, quien me ha permitido hacer un viaje distinto a los realizados en mi juventud y parte de la adultez. Mirar la vida sin fronteras, es mirar un horizonte amplio. Es así como se mira desde la niñez. Todo está por descubrir, todo es un aprendizaje. La teoría dice que la prelectura inicia a los dos años de edad, con ella me he dado cuenta que se puede iniciar desde los 10 meses de vida. La primera palabra que identificó Gabriela y asoció a una imagen fue : mamá. Y así en láminas de una presentación de powerpoint en el computador fue aprendiendo: papá, ojo, pie, uña, mano, boca, pelo, pepe, caca, tete, guagua. Su ansiedad por conocer más la llevó a enseñarnos que los videos de youtube no se activan solo con el mouse, también con un doble click de la barra espaciadora.
Desde los primeros días de vida respondía a las canciones infantiles con atención, luego con emociones seguía con gestos las canciones de Andrea Bocelli en brazos de su papá y finalmente lo está demostrando con movimientos que tuvieron un proceso: primero el pie, luego haciendo pasitos, luego grandes pasos, ahora los hombros y en últimas, una cadencia de caderas acompañada de la de los hombros cada vez que escucha un ritmo que le estremece el cuerpecito. Son tan sencillos sus días, tan ricos, tan espontáneos, tan sanos y alegres como un viaje con anécdotas, con libertad de horario, sin límites de tiempo. Así puedo definir la relación con mi hija, un viaje en el que traspaso diariamente fronteras hacia hermosas vivencias que me hacen crecer más como mamá.