lunes, 16 de agosto de 2010

Una visita al Zoológico de Barranquilla, de la mano de mi hija.

Domingo en la mañana, mi hija de dos años de edad despertó preguntando por la cebra, el tigre, el elefante, la iguana. Para distraerla le respondía a cada pregunta que estaban durmiendo o estaban en su casa. Pasados unos minutos me buscó camiseta y zapatos, me los entregó y me preguntó por abuelo, tia Lays (Gladys) y un taxi. A lo que también inventé una respuesta. Aún en pijama resolvió ponerse sus zapatos y conducirme a la puerta. Con todo lo anterior creo que su gesto y sus frases anteriores me estaban diciendo claramente: mamá, vamos al zoológico, quiero ver los animales.

Luego de vestirnos, pedimos un taxi y nos fuimos. La conversación se mantuvo alrededor de los animales, preguntando uno por uno. El taxista sorprendido por su claridad en la expresión me preguntó la edad.

Ella sabía que estabamos en la vía, pero no se imaginan la emoción de sus ojos al ver que habíamos llegado. Le dijo adiós al taxista y parecía que sus ojos avanzaban más rápido que su cuerpo al ingresar la Zoológico. Se bajó inmediatamente de mis brazos y en medio de los niños y adultos que caminaban ella buscó el camino preguntando: la cebra, dónde está la cebra mamá?, el león....el elefante....ven ven, el avestruz....corría de un lado a otro, enseñaba a los niños que estaban cerca lo que sabía. Tenía las mejillas enrojecidas por el calor y el sol, pero eso no era obstáculo. Mamá, cocodrilo!! Mamá, tigre!!! Subía, bajaba, caminaba, corría, se detenía, miraba, hablaba en su jeringonza.

Encantada con el
tigre blanco.
Al tiempo que como madre gozaba de la aventura que mi hija vivía, observé familias extranjeras mezcladas entre las barranquilleras y visitantes de otras regiones del país. Sus hijos vivían igual emoción. Recordé momentos de infancia en los que ver los animales enjaulados era lo más prudente y ahora, en el esfuerzo de mantenerles un habitat parecido del que provienen, se siente la humedad y el calor propio de su ambiente y se puede sentir que se comparte con ellos mayor libertad de movimiento. Aunque es una realidad el pequeño espacio con que cada uno cuenta y se amerita uno mayor. Don Tomás Suri Salcedo, quien en los años 30 tuvo la iniciativa de un Zoológico en la ciudad, acompañado de Don Roberto Puyana, si pudieran ver por un huequito del tiempo la alegría y los cambios de su idea creo que se sentirían satisfechos de los avances que se viven con la Fundación Zoológico de Barranquilla. Además porque se cuenta con guías, shows con animales en vivo, nuevas especies y visitantes de todas partes, con los cuales se están cumpliendo tres principales objetivos de sus gestores: "un jardín botánico, un zoológico y un parque de recreación donde pudiese ir toda la familia y curarse los sentidos con el maravilloso espectáculo que nos ofrecía la naturaleza".

Gracias al compromiso de la ciudad y sus líderes, a pesar de los momentos duros que pasó el zoológico en su historia, hoy está abierto al público como un espacio de sano esparcimiento y aprendizaje para las familias. Gabriela, mi hija, regresó a casa feliz y hoy despertó mencionando nuevamente a cada especie que visitó ayer.Visite la página de la Fundación Zoológico de Barranquilla.