miércoles, 1 de diciembre de 2010

El Viejo Muelle de Puerto Colombia y yo

Pensé en escribir sobre el Viejo Muelle porque creo que quienes lo han conocido, han hecho una historia con él. Cuando estaba pequeña mi papá tenía un LP de la Negra Grande de Colombia con una canción a Puerto Colombia muy nostálgico, diría yo, demasiado nostálgico. Si el compositor viera el estado del Muelle hoy se quedaría en blanco. Después, haciendo los programas de Voz Infantil y Hola Juventud, entrevisté al maestro Rafael Campo Miranda y me sembró en el corazón un ejercicio que realicé, pintarlo. La canción que que escribió comienza: "Sobre la arena mojada y bajo el viejo muelle la besé con honda pasión/ Fue aquel un amor perdido, perdido en la playa, perdido en la bruma del mar". No fue exactamente el hecho amoroso que el maestro narraba, sino cómo sería ver otras perspectivas del Muelle de Puerto Colombia como estructura y qué sentía quien se sentaba desde cada ángulo. Recuerdo que me fui debajo y realicé unos trazos. Luego me fui a un costado, tomé otra hoja e hice otros. Después me fui cerca a la punta y desde la casita, hice algunos otros. Cuando llegué a la tranquilidad de mi cuarto, los mejoré. No sé donde andan ahora o si todavía existen, pero no es mentira que eso me llevó a soñar con la inmensidad del horizonte desde una obra majestuosa como lo fue, recibiendo extranjeros en su época, siendo la cara del país, cuántos esfuerzos físicos no hicieron los hombres que lo construyeron para que luego de 100 años estuviese ahí soportando el fuerte oleaje y sin prestar el servicio ni tener el mantenimiento para el que fue diseñado y hecho.
Después de esos dibujos, me comprometí a visitarle cada vez que hiciera un viaje al exterior. Y como si hubiera sido una promesa al Altísimo y se me hubiera cumplido, así le correspondía con mi visita. Algunas veces acompañada de mi papá, en otras ocasiones, sola. Llegaba al final y ahí le agradecía a Dios el sueño realizado de ir y volver a mi tierra. Mis viajes se iniciaron en 1996 y no pararon hasta el 2005. Y así como aquel gigante compartía mis sueños de viajera, así con los años su deterioro progresaba. Los años han pasado y la naturaleza está reclamando ese espacio que por tanto tiempo Francisco Javier Cisneros y Puerto Colombia le tomaron prestado. Ese desafío que representaba el solo verlo, ahora produce una nostalgia enorme.
La razón por la que decidí compartir mi experiencia con el Viejo Muelle es porque en ocasiones tenemos la oportunidad de convivir con obras monumentales y las ignoramos, confiándonos que van a estar ahi. Pero el tiempo no da espera y reaccionamos muy tarde, o sacamos excusas y no lo hacemos. Ir al Viejo Muelle era algo como llegar a las Pirámides de Tehotihuacan en México, o al Canal de Panamá, o a los hoteles de hielo en Kiruna, Suecia, o a la Torre Eiffel en París...o a tantos otros lugares dondel el hombre ha construido e inspirado desafíos sin fronteras.