viernes, 11 de mayo de 2012

La India Catalina y su historia en Tubará


Mucho tiempo tuvo que pasar para que los tubareños  nos acostumbráramos a la idea que Catalina no era nuestra, por lo menos a mí  me pasó, crecí convencida sobre tal afirmación que el día que tuve la oportunidad de estar frente a su monumento en el corralito de Piedras, pensé, “tú deberías estar en la plaza de Tubará”. Le conté a muchos la leyenda con  orgullo de raza  y les decía que esta historia  eran tan cierta como que en mi pueblo había un sitio denominado “el chorro del ahorcado”  testigo del fatídico hecho, dónde Haré, hijo del cacique Morotoava, se quitara la vida al colgarse de un árbol, mientras su amada estaría lejos con un hidalgo, ignorante  del sacrificio de su enamorado. El tiempo me dio la respuesta y  conocí la historia de ésta mujer querida por muchos y odiada por otros. Catalina no era  su verdadero nombre, tampoco  se sabe el momento en el que empieza  a llamarse Catalina. La  hija   preferida del cacique Galeras, gobernante de una sociedad indígena de la etnia Caribe, dedicada a la extracción de sal marina. A sus 14 años,  es raptada por el conquistador español Diego de Nicuesa del pueblo Zamba (actual Galerazamba corregimiento de Bolívar, Colombia). Los españoles la llevan  a Santo Domingo, donde le imponen la religión católica y sus costumbres.
Pasaron más de veinte años después de su rapto  para que ella regresara, junto  a  Pedro de Heredia, siendo su intérprete.  Contactó  a los indígenas, logró la pacificación de varias tribus, enseñó a los españoles la ubicación de los tesoros de oro y ayudó en la colonización de Cartagena.  Por esto es conocida como  la pacificadora de las tribus indígenas, aunque  esta apreciación  no sea compartida por los historiadores ya que estos sucesos terminan con el aniquilamiento de  los indígenas  Calamarí. La figura esbelta de la India Catalina tampoco concuerda, con su  real apariencia, ella una  mujer bajita, gordita, de pómulos salientes, nada tiene que ver con la India Catalina magnificada y embellecida por el artista Eladio Gil.  Galerazamba, también exhibe orgullosa una estatua de la Catalina idealizada.
Años después,  se casa con Alonso Montañés o Alonso Montes, sobrino de Pedro de Heredia. Con él, se fue a vivir a Sevilla de dónde nunca regreso.

Isabel Patricia Vargas
isabel.vargaslara@gmail.com