jueves, 17 de mayo de 2012

Nabusimake, ciudad dónde nace el sol


A 3 horas de viaje de la ciudad de Valledupar, al norte de Colombia queda Nabusímake, que en idioma arhuaco significa Tierra donde nace el sol, una experiencia única que hay que vivir para poder comentar.
Si bien es cierto que en el mundo hay lugares hermosos y paradisiacos, Colombia es uno de los países privilegiado por Dios, y es  Nabusimake uno de estos  paraísos.  Para llegar  allá, desde Valledupar es necesario subir  hasta el pintoresco corregimiento de Pueblo Bello.  Allí comienza a cambiar el paisaje, que se hace más verde y el ambiente toma  un olor natural y particular que no he sentido en otro lugar, como a hojas, como a tierra.
Un  campero  trepa montañas  son los encargados de transportarnos, a medida  que ascendemos el paisaje se matiza de  colores intensos y las gotas de rocío tocan la faz como  remojando los pensamientos,  el contraste  del  clima entre el frío y los rayos del sol que penetran a través de las  espesas ramas de árboles inmensos, se mezclan entre las revueltas de un camino destapado, momentos mágicos, que quisiéramos perdurar en el tiempo. Al llegar nos encontramos con una fortaleza de piedra,   los urakus (casas) de paredes de bahareque, madera,  techos  de paja,  unas al lado de las otras, forman un poblado de 60 casas redondas, cuadradas o rectangulares, con una pequeña oficina-hospital, comisariato, cárcel;  a ellos no les hace falta nada,  sobre todo el conocimiento del equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Nosotros los hermanos menores  le estamos haciendo daño a la madre tierra;  Serankua (Padre de la tierra)  dijo: cancelar las deudas que tenemos con la naturaleza, hemos comido las frutas, las hortaliza, hemos utilizado los minerales, sin consultar con el dueño que es zerankua.  Al llegar hay que pedir permiso ante la autoridad que es el corregidor, sin el no podemos caminar sus calles empedradas, o tomarles fotos;  los visitantes nos tenemos que ceñir a sus normas, hay que respetar sus aguas, sus  árboles,  para eso están los cabos y semaneros (policías  tradicionales de los arhuacos) ellos hacen cumplir sus leyes. Son una cultura que vive en función del respeto a la naturaleza.
Las aguas heladas y cristalinas del Río San Sebastián, es apenas uno de los lugares entrañable que posee está maravilla colombiana, tan cerca al cielo y tan distante, que perdemos la noción del tiempo, un lugar que nunca se puede olvidar, aunque este en el corazón de la tierra del olvido.

Isabel Patricia Vargas
isabe.vargaslara@gmail.com