domingo, 17 de febrero de 2013

El Zoólogico de Barranquilla, una aventura (Segunda Parte)

Esta es la segunda parte de un relato que inicié hace dos años, cuando mi hija tenía 2 años de edad y su conexión con los animales la despertó una visita que hizo con su papá al Zoológico de Barranquilla.  Un fin de semana, mientras compartíamos solas porque su papá estaba de viaje, ella diseñó el plan del día y sin casi hablar bien me indicó lo que haríamos. Un día en el zoológico, de su mano.

El Zoológico se ha convertido en un lugar de aventuras para nuestra pequeña expedicionaria. Para un viaje, una aventura, hay una preparación previa: binoculares y cámara fotográfica de juguetes, gorra, zapatos tenis, ropa cómoda y un morral con comida. En los últimos tiempos, incluye una libreta, colores y un mapa. La observamos, entre su papá y yo, y nos damos cuenta que más aprendemos de sus iniciativas, imaginación y conocimientos que lo que podemos enseñarle. Nuestra función es acompañarle.

Mamá carga la maleta y se estaciona para comer, dibujar, sacando punta y pasar los lápices de colores, papá debe tomar la foto o cargarla para observar mejor los animales. Nada se compara como una ida al zoológico. El recorrido es corto, siempre en las mismas estaciones, pero la aventura es distinta. Una iguana que cae del árbol o corretea en la senda, los pavos reales que se pasean en el camino, el ladrido de la cebra que confunde.

Cambios en dos años? si muchos. Los planes de dibujar y colorear con la biblioteca, los guías voluntarios, el mapa impreso que entregan a la entrada, las redes sociales que nos instruyen a diario recordándonos el hermoso sitio conque contamos para compartir una aventura con nuestros hijos y nos pone en contacto con la vida salvaje y la naturaleza dentro de la ciudad, de una manera especial, en familia. 

Sin fronteras para el Zoológico de Barranquilla.