miércoles, 13 de febrero de 2013

¿Por qué Miércoles de Ceniza?

Explicaciones de la Delegatura de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Barranquilla sobre el Miércoles de Ceniza. Información al alcance de los católicos.


MIÉRCOLES DE CENIZA

¿POR QUÉ MIÉRCOLES?

Cuando en el siglo IV se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba seis semanas antes de la Pascua. Por tanto, un domingo llamado, precisamente, domingo de cuadragésima.

Pero en los siglos VI y VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día domingo por ser día de fiesta, de la celebración del Día del Señor. ¿Cómo hacer entonces para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno? Se decidió correr el comienzo de la Cuaresma para el miércoles previo al primer domingo. (Si uno cuenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo y le resta los seis domingos, le dará exactamente cuarenta).

La Iglesia sigue esta arraigada costumbre del pueblo cristiano y comienza la Cuaresma el Miércoles de Ceniza.

¿POR QUÉ DE CENIZA?

La ceniza es un signo de penitencia muy fuerte en la Biblia (Confirmar en: Jonás 3, 6; Judit 4, 11; Jeremías 6, 26). Siguiendo esta tradición, en la Iglesia primitiva eran rociados con cenizas los penitentes públicos como parte del rito de reconciliación. Al desaparecer la penitencia pública, la Iglesia conservó este rito, es decir, el mismo gesto penitencial para todos los cristianos.

El pueblo de Dios tiene un particular aprecio por el Miércoles de Ceniza y sabe que  ese  día  comienza  la  Cuaresma. Participando del  rito  de  la ceniza -acompañado del ayuno y la abstinencia-, se manifiesta el propósito de caminar decididamente hacia la Pascua. Ese recorrido pasa por la CONVERSIÓN y la PENITENCIA.

El Miércoles de Ceniza, los textos de la Misa son de gran riqueza. Todos señalan el camino de auténtica conversión. Así, nos encontramos con que hay que desgarrar el corazón, no los vestidos (primera lectura); el Salmo pide piedad y un corazón puro. San Pablo, en la segunda lectura, nos exhorta a dejarnos reconciliar con Dios, y el evangelio nos enseña que la oración, el ayuno y la limosna deben nacer en nuestro corazón y no aparentar una simple práctica exterior.