domingo, 10 de noviembre de 2013

3 reflexiones sobre adolescentes y redes sociales

Hace unos días nos invitaron al Colegio Jorge Isaacs de Barranquilla para dar algunas indicaciones sobre Redes Sociales en una reunión de padres de familia y estudiantes. 

En la intervención me antecedió un agente de la Policía de Menores que explicó qué actitud deben asumir los jóvenes de hoy frente al ciberacoso y las repercusiones que esto puede tener hasta en menores de edad tanto para víctima como para quien comete el delito.

Las redes sociales en el entorno virtual, vistas desde lo indebido e inadecuado son igual peligrosas que las redes sociales naturales o físicas cuando no se asumen con responsabilidad y criterio. El concepto de redes sociales se generaliza con la interactividad del mundo 2.0, pero siempre hemos estado inmersos en ellas para poder establecer relaciones de amistad, profesionales, por hobbies o preferencias, casuales. 

Entonces hay algo claro, el peligro no solamente está en las redes sociales virtuales, sino en la actitud y acompañamiento que los adolescentes necesitan. Se requiere entender que el contexto en el que se desenvolverán las de los jóvenes de hoy tiene unas características distintas a las que tenían las de sus padres. Compartimos con padres y madres de familia, y sus hijos, 3 reflexiones básicas para tener en cuenta:
1.Criterio. Al abrir una cuenta en una red social debe saber que está dejando una huella digital, que no se borra en el contexto virtual mundial. Eso repercutirá para relaciones futuras a nivel personal y profesional.
2.Responsabilidad. No es tener el mayor número de amistades o seguidores, es utilizar las redes como espacio para fortalecer relaciones familiares y de amigos. Para ello es importante la responsabilidad a la hora de configurar la seguridad y privacidad de la cuenta.
3.Acompañamiento. La 'brecha digital' no es sólo responsabilidad de los jóvenes alejados e inmersos por completo en la tecnología, también de los adultos que la utilizan para facilitar la comunicación con sus hijos en extensas horas de trabajo. Sin darse cuenta se convierte en un supuesto inconsciente y los espacios para compartir y hablar cada vez se reflejan en vacíos digitales.