jueves, 6 de marzo de 2014

Reflexiones sobre 'Día de la mujer': una invitación a pensar en ‘dos’, en equipo!

Un amigo me preguntó si en toda la estrategia de comunicación que adelantaba era conveniente abrir un grupo dedicado solo a las mujeres. La propuesta viniendo de un profesional, hombre, resulta atractiva y proactiva. Sin embargo, mi respuesta fue negativa, basada en el análisis y la reflexión de una buena cantidad de mujeres del mundo, aún preocupadas por la visibilidad, los derechos, el respeto, el valor y el reconocimiento de la mujer en la sociedad y en el mundo laboral. Les explico mejor el por qué.

La lucha radical de las mujeres para lograr derecho al voto, a la educación superior y al trabajo ha influido en los patrones culturales de manera agresiva y fuerte. Es que no había otra opción, quizá porque las adversidades no se harían esperar y los obstáculos a razón de la cultura eran y son muchos todavía. Pero la vida nos presenta a diario una exigencia adicional: la convivencia, la tolerancia, la vida en comunidad y la vida en pareja. Entonces ¿qué hacemos trabajando con doble rol y doble carga si al final, nuestros pares, nuestros compañeros, entienden las luchas de visibilidad y reconocimiento del género femenino solo como ‘cosas de mujeres’? ¿A dónde queremos llegar?

Debo aclarar que esto no es conclusión exclusiva de quien escribe, sino de muchas reflexiones a nivel mundial. Si no practicamos la inclusión que exigimos, pues nada hacemos avanzando solas. Es algo que se refleja en la sociedad que continúa en formación y que no se detiene para esperar que el cambio cultural se dé por completo. Compartir con los hombres el mismo discurso y hacerlos participar es una propuesta más completa.

Llegaron otras inquietudes posteriores a quien motivó este artículo: ¿Cómo trabajar por la dignidad de la mujer y la importancia de su rol en la sociedad y la familia? Cómo evitar la tentación de igualar al hombre? La respuesta más sencilla es entender que hacemos equipo, que nuestras características humanas son diferentes pero que gozamos de igual capacidad para llegar a un buen resultado, a una meta. Y es algo apropiado también para la vida familiar y la vida en pareja.

En ocasiones pensamos que como mujeres sacrificamos nuestros sueños e ilusiones al contraer matrimonio y tener hijos porque nos obliga a abandonar nuestros proyectos laborarles. Nada más alejado, pues la sociedad para continuar fuerte y sana necesita de su núcleo, de su base, la familia. El hogar requiere de una presencia, en lo posible, de la pareja, de los dos. Equilibrar las cargas, entender los roles, acompañarse mutuamente, abrir espacio para que crezca el proyecto familiar por encima de los individuales, encontrar el camino perfecto para transitar todos y preparar el que seguirán los hijos e hijas es lo ideal. Cuando no se da, llegan las frustraciones que se superan si somos conscientes que lo hemos dado todo por la salud y bienestar de quienes continuarán el compromiso con la humanidad. Es muy posible que también encontremos el equilibrio para no abandonar nuestra actividad profesional.

En conclusión, la celebración del 8 de marzo o de un mes dedicado a la mujer es una invitación a pensar en familia, en inclusión, en visibilidad de los proyectos en equipo, en darle valor a la diferencia con iguales oportunidades. Es pensar que la importancia de la familia es en igual proporción a ver la vida con perspectiva de género, a aceptar la diferencia a favor del bienestar común.