miércoles, 23 de abril de 2014

El Macondo de Gabriel García Márquez

Casa Museo Gabriel García Márquez en Aracataca.
El día que conocí Aracataca

(*)
El calor  sofocante que invadió a Macondo el día del entierro  de Úrsula Iguarán, parecía repetirse, el sudor hacía estragos; sin embargo era inquietante estar en la ruta que pasa cerca de Aracataca, Magdalena y no  entrar a  visitarlo.

Las calles, transitadas por los pobladores que orgullosos muestran que en esa tierra bendita nació el  único Premio Nobel que tiene el país, parece contagiar al visitante de esa mágica realidad, descrita una y otra vez por García Márquez en su gran creación, Cien Años de Soledad. 

Algunos Cataqueros, reclaman por el olvido a que fueron condenados por tan ilustre hijo, que desde muy pequeño salió de esa tierra que le vio nacer y  que siempre estuvo en su memoria como  fuente de inspiración. Es menester estar frente a la casa dónde paso sus primeros años el escritor, para tener el deseo  de recorrer los lugares fantásticos de Macondo. 


La vieja casa de los abuelos,  convertida en   casa museo presume en sus rincones, las sublimes, incestuosas y hasta maldita historia de amor de la Familia Buendía. Un aire sutil y fragante circula en cada estancia, los escritos en las paredes sacian la curiosidad de quienes desean saber el significado de cada elemento colocado para recrear los espacios. Pareciera que el suave susurro de los pollerines de olan de Úrsula chocara con  la  fragilidad trágica vivida por Amaranta o Remedios  la bella. 

Hoy día del idioma,  fecha importante  para el mundo de las letras, es bueno resaltar, lo que le dejo nuestro escritor colombiano a esta tierra,  la inmortalización de ella en sus escritos, aun si sus cenizas no llegaran aquí,  los millones de lectores buscarán la ruta macondiana para visitar la casa, que más que una casa era un pueblo.

(*) Isabel Vargas Lara
vargaslara@gmail.com