domingo, 13 de diciembre de 2015

"No sabía que te gustaran las plantas"

Hace poco mi amiga +Marta Castellar me dijo: "No sabía que te gustaran tanto las plantas". Y yo le contesté: "Yo tampoco". Compartimos una amistad de hace poco más de 15 años y aún hay descubrimientos tan sencillos como este.

Jamás fui de cuidar jardines ni plantas, y eso que el patio de la casa de mi abuela materna era bien grande, mi madrina tenía árboles frutales y plantas ornamentales, y mi niñez y adolescencia transcurrió en gran medida con ese escenario. Ya esa casa no existe, ni sus árboles, plantas ni su patio acogedor, pero la semilla quedó sembrada. Cuando empecé mi nuevo hogar, lo primero que le pedí a mi madrina fueron plantas para adornar y ella me las regaló. Pero  hay una razón de ser de la naturaleza en casa, y no es precisamente por decoración solamente. Así que al menor descuido, fallecieron y desistí bastante derrotada.

Sin embargo la historia continuó, cuando mi hija reclamaba hacer caminatas conmigo por el barrio, arrancaba flores que encontraba y traía algunas para su papá. Ese ejercicio me hizo recordar que las plantas de mi madrina las iniciaba con pequeños tronquitos de distintos clases de "Crotos" porque le gustaban. Los ponía en agua hasta que le salieran raíz y luego los sembraba. Así empecé con las begonias. Pero por la falta de cuidado y atención en otros asuntos volvió a pasar lo mismo, se quemaron y se secaron. Mi esposo me demostró que podía sacarlas adelante si me lo proponía, porque con dedicación volvieron a tomar su verde y florecer. Volví a tomar las riendas del asunto.

Dicen que el amor es como las plantas, hay que regarlo con agua todos los días para que se mantenga vivo. Y esa premisa es real para la familia, el hogar y el jardín de tu casa. Muchas lecciones recibimos con la vida de cada begonia, coralillo, pino, orégano, sábila, el tronco de la felicidad y ahora las rosas. Cada uno llegó al jardín de la familia Casuso Hernández en un momento preciso y con una historia distinta. La realidad es que todos celebramos cada día sus cambios, sus crecimientos, su belleza y sus lecciones. Como regamos amor a la familia, así también todos los días las regamos con agua. 
Dicen que tienen un ciclo, que tienen un mes para florecer o que son delicadas y la aventura ornamental emprendida puede no tener éxito. La lección más grande es que el amor no puede hacer caso a todo lo que dicen, la historia de cada una es única e irrepetible y sorpresas te llevas. 
Eso aplica para uno y para la begonia en nuestra casa que florece en marzo, en octubre, en diciembre, por ejemplo y está sana. El rosal empezó con un tallo o esqueje que encontramos tirado en la basura porque había cumplido su propósito, lo recogimos junto a otros de clavel, pero el más fuerte es el que hoy está florecido con dos hermosas rosas blancas.
Los jardínes traen hormigas, zun zun, pájaros, insectos y otras cosas que pueden entorpecer la labor. Mi hija involucró como hadas de las plantas a sus personajes de la televisión y el cine. Ellos actúan como protectores y la cosa parece arrojar buenos resultados. Entre los protagonistas de Frozen, My little Ponys, Los Pingüinos de Madagascar y otros tenemos guardianes del nuestro jardín.

No somos expertos en jardinería ni tenemos pretensiones de ello, la realidad es que tener uno en casa alimenta la historia de amor de tu familia y de tu hogar. Al menos eso concluyo con el ejemplo de mi abuela Carlota y mi madrina, como también lo vivo ahora con mi esposo e hija. Es como trasladar a un pequeño espacio de tu casa un aprendizaje diario de naturaleza pura para ti y los tuyos,  basta con darle un sentido de vida y sin fronteras para el amor.