lunes, 25 de julio de 2016

El privilegio de la bicuturalidad

La 'biculturalidad' lejos de ser un problema
es realmente un privilegio.
Hace unos días leía sobre los hogares biculturales y el centro de atención era el idioma que los hijos aprenderían y en segundo plano, el predominio de una cultura sobre la otra. Si analizamos que esa circunstancia la vive toda pareja que por razones de amor decide hacer familia y se enfrentan a un sinfín de situaciones que hacen de su hogar un escenario distinto al de otros, imaginemos lo que puede pasar en una bicultural en la que ambos provienen de geografías distintas. Entonces la casa, el hogar, se convierte en un territorio con costumbres, hábitos, manifestaciones y lenguaje propio.

Esa característica de 'biculturalidad' lejos de ser un problema es realmente un privilegio, porque dará a los hijos e hijas una seguridad y confianza en sí mismos, respeto a la autenticidad, flexibilidad para entender otras culturas, si nos organizamos para que así sea. En lo posible integrar el entorno de crecimiento a las referencias que sus padres le dan sobre sus costumbres es una base importante, en especial para la cultura no predominante. Es necesario crear un ambiente que les entregue información permanente de sus raíces y con ello se construye un valioso patrimonio, el familiar. 

En estos tiempos sin fronteras geográficas y culturales, donde es más fácil obtener información pero también ahogarse en ella, resulta oportuno identificar el hogar como un territorio propio con características específicas para sembrar y acompañar el desarrollo de identidad:

1.Escuchar música de ambos países

Hay muchas formas de escuchar música de forma que haga parte de las actividades de la familia. y no necesariamente solo por las fiestas y celebraciones. Conocer exponentes o artistas de ambas culturas, así como la diversidad de ritmos de cada países, hace sentir una conexión muy especial con la cultura.   

2. Ambas culturas representadas en la decoración de la casa.

Objetos, libros o retratos de ambas naciones ubicados en distintas partes de la casa, es una forma de familiarizar a los niños con la idiosincrasia y costumbres con las que no están en contacto de manera diaria, con el tiempo la sabrán apreciar.

3. Hablar en la lengua materna o con expresiones propias de las culturas

Si se trata de un idioma distinto al de los padres, por ejemplo, hablar en español en casa siembra una condición especial de aprendizaje para ser bilingue. Pero también si se incluyen aquellas expresiones, usadas en la cotidianidad de una casa o escuela y que dan competencia linguistica sobre los idiomas, hace parte de crear identificación con la cultura y un sentimiento de pertenencia.

4. Incluir en la cocina de la casa, recetas o platillos tradicionales de tu país

Si hay una manera de conectarse con el país de origen es por la gastronomía. A través de la comida se introducen aromas, sabores y costumbres propias de las dos culturas. Así se aprende la diferencia, diversidad de sabores y texturas, tanto como apreciarlas.

5. Conversar sobre fiestas y celebraciones patrias.

Tener conocimiento de la historia y respeto por los símbolos y celebraciones patrias de ambos países es una forma de abrirse a la identidad 'bicultural'. Son acciones que se convierten en hábito y el hábito es una costumbre.

Estas son cosas básicas que reafirmamos con nuestra experiencia personal y que cualquier familia que busca tener una identidad realmente 'bicultural' debe hacer. Todas las acciones, por pequeñas que parezcan, tendrán un impacto en nuestros hijos. Sin embargo, la recomendación es ser conscientes de esa condición y tomar una decisión sobre esta situación de privilegio para bien de la familia.