viernes, 7 de octubre de 2016

La historia se escribe cada día

Desde el 26 de septiembre de 2016 los colombianos hemos caído en un sube y baja de emociones positivas y negativas bastante peligrosas, en el anhelo de cerrar el capítulo de la historia de violencia en Colombia que lleva más de 50 años. Cuando el contrareloj del plebiscito empezó, llegaron como en 'flasback' a mi memoria los recuerdos del enorme y grueso trabajo de metodología que me encargó en primer semestre el profesor Guillermo Mejía cuando inicié mi carrera de comunicación social: "La historia de la Violencia en Colombia". Eso fue hace casi 30 años atrás y me llevé media resma de papel con el trabajo final, eran algo así como 300 páginas con anexos que llevaban recortes de prensa. Sumado a la situación del país en los años 80, hacer ese trabajo me pintó un pasado y presente oscuro,triste y desolador, con un futuro incierto. Sin embargo, desde mi trinchera, con el entusiasmo de la juventud continué mi carrera con proyectos que motivaban el día a día mientras los noticieros nacionales nos bombardeaban a las 7 de la noche con la cruda realidad. 

La generación a la que pertenezco ha sido enormemente optimista y soñadora en medio del escenario más incierto y adverso, ese es nuestro mérito. La séptima papeleta, la Asamblea Nacional Constituyente, la nueva Constitución de 1991 fueron de los tanques de oxígeno para mantener la confianza en el país y sus dirigentes. Pero la sombra del conflicto, la violencia y sus consecuencias en la vida de las familias y la sociedad están y estaban ahí, dentro del menú del día. Así nos levantamos y maduramos, en una sociedad en crisis todos los días. Nuestra cotidianidad ha estado esculpida por la desconfianza, la indignación, la intolerancia, la violencia; pero también, y para poder abrir los ojos cada día, por la idealización de un futuro mejor, por qué no, a ver, por qué no? 

Pero hay algo que no te pueden arrebatar y te pertenece y son tus sueños. Así lo corroboré en una ocasión, cuando trabajaba para una ONG que buscaba becas de estudios para niños del barrio Nelson Mandela de Cartagena, entrevisté a varios pequeños entre 7 y 9 años de edad desplazados de la violencia que tuvieron que abandonar sus casas y cuya infancia estaba marcada por asesinatos y pelotones de uniformados que llegaban a agobiar la ternura de su etapa. Escuchar lo que más recordaban de su hogar en el campo y deseaban regresar a su vida ea conmovedor, al tiempo que se reflejaba una luz indescriptible en sus rostros. Terminé el ciclo de entrevistas con la vida vuelta trizas y con ganas de ser 'madrina mágica', pero una trabajadora social me dijo: "eso es de todos los días, nuestra labor es acompañarlos para que no pierdan la esperanza y sus sueños". 

Cuando en el plebiscito del domingo 2 de octubre de 2016 ganó la oposición al Sí, pensé en esos niños y en mi hija. A partir de ese día, todos los registros de prensa eran poco alentadores y con un peso de vergüenza ajena. Es cierto que en la democracia la participación y la expresión libre es importante, pero en este caso nos alejaba como en movimiento de 'zoom out' de ese anhelo y deseo 'fin del conflicto armado en Colombia'. Recordé lo que debieron sentir los colombianos el 20 de julio de 1810 y lo que tuvieron que esperar hasta el 7 de agosto de 1819. Será posible estar repitiendo la historia? Dónde está la capacidad para cristalizar sueños. Pero oportunamente se hizo pública la campaña de desinformación con la que los opositores a los Acuerdos de Paz de la Habana condujeron maliciosamente a quienes les dieron el triunfo en la consulta y hoy el presidente de Colombia que ha liderado por 4 años la compleja labor de llegar a Acuerdos de Paz con la Guerrilla es reconocido con un premio significativo internacionalmente y que no es fácil ser ignorado: Premio Nobel de Paz. Más allá del reconocimiento al Presidente por su gestión, como bien lo expresó al recibir la noticia, lo que más conmueve es el reconocimiento a todo un país que clama por unidad, paz y reconciliación. Hoy es un día histórico para Colombia, y mañana lo será también y eso depende de cada uno de nosotros. Vamos a escribirla. Un abrazo!