martes, 7 de marzo de 2017

"No me gusta el radicalismo de las feministas"

Mujeres de Seminarios ASDI-FOJO-Centek. Suecia 2002. 
El 8 de marzo es Día Internacional de la Mujer y todos los temas girán en torno a la lucha de derechos logrados a raíz del movimiento feminista. Sin embargo, un gran nùmero de jóvenes no empatizan con el término.

"No me gusta el radicalismo de las feministas", esa expresión la he escuchado en repetidas ocasiones de mujeres muy jóvenes. La más reciente, añadió que entendía que luchaban por derechos, por la violencia de género y era algo justo, "pero se pasan!" fue su frase final de hastío. En gran medida, tienen razón, el radicalismo en lugar de convocar lo que hace es polarizar. La verdad, yo también he cambiado de parecer con el paso de los años y las experiencias de vida, por eso no juzgo a las nuevas generaciones que tienen esa actitud de desapego al feminismo.

Lo que se me hace valioso del enfoque de género es que nos ha abierto la mente y la posibilidad de decidir. En este momento somos más las empoderadas de esa actitud. Eres profesional? decide tu carrera laboral. Eres madre? decide tu propio estilo. Eres empleada o jefa? decide prioridades mirando tu horizonte o valora las que tiene tu equipo. Eres freelance o teletrabajas? construye tu marca y proyectos. Ese es el mensaje que trato de dejar cada vez que me encuentro con una joven mujer que no empatiza con el término. Sin embargo por razones culturales, la sociedad siempre busca el establecimiento y es posible caer nuevamente en el "deber ser", olvidando que precisamente el feminismo nos ha permitido explorar "nuestro ser".

Para ser feminista no tienes que menospreciar las actitudes y comportamientos del hombre, te estás poniendo en su mismo lugar haciéndole lo mismo que le han hecho a nuestro género. Eso no convoca, eso divide y aleja. Es válido dejar claro que somos seres humanos con iguales derechos, pero nuestro enfoque tiene que ser distinto o si no, no estamos proponiendo nada nuevo. Simplemente invertir papeles, o "virar la tortilla". Al final, para que la sociedad crezca y perdure se necesita de hombres y mujeres, la biología no indica otra cosa. No imagino un mundo de clones, todavía. Somos seres humanos, somos emociones y sentimientos. Sea para hacer pareja o compartir un espacio laboral, liderar o tener participación política, lo más enriquecedor es ser incluyente. Me refiero a hombres y mujeres, porque la decisión sexual individual atañe a cada cual y debe ser respetado mientras sea responsable y coherente.


A las jóvenes feministas y aquellas que pertenecen a mi generación, representantes del tránsito cultural del concepto "mujer-hogar" a "mujer-multitasking", les digo con sinceridad: No nos señalemos ni juzguemos entre nosotras mismas, cada una ha tenido una misión en esta historia y cada una ha puesto una cuota de sacrificio en esta lucha que permanece y continuará mientras el giro cultural se de completo. Entonces, si somos madres de varones no perdamos la oportunidad de sembrar equidad, si somos madres de hembras no perdamos la oportunidad de empoderar y evitar la diferencia; si somos líderes o jefas, aprovechemos para proponer metodologías distintas de trabajo en equipo y abramos espacio para el reconocimiento y valoración del talento; si somos colaboradoras o profesionales independientes enfoquemos nuestros proyectos hacia la equidad. Los varones no son tontos, como tampoco lo hemos sido nosotras, ellos el mensaje lo entenderán y acogerán, sin agresiones.

La lucha por el poder se mantendrá, sin embargo es nuestra responsabilidad ponerle una dinámica distinta, más amable. Eso es feminismo. El radicalismo, en la lucha de poderes, es necesario cuando "el Otro u Otra" no comprende que mi verdad es tan valiosa como la establecida, pero la distensión debe llegar para entrar al terreno de los acuerdos. Si trasladamos esa lucha de poderes a una pareja, se imaginan lo que pasa, o no? ¿Què pasa si pensamos que para ser feminista hay que estar en permanente reto hacia los hombres para que nos respeten?

Hoy día el hombre que te permite estudiar, trabajar y tener tu tiempo libre, pero no hace nada en casa y contrata a una mujer para que sea tu asistente, no necesariamente ha entendido el feminismo, solo te permite esa felicidad para no entrar en conflictos porque te ama. En ese caso, solo se han trasladado responsabilidades y su pasividad en cosas del hogar lo mantiene en la cultura machista. Cierto que han sido inteligentes? Un hombre empoderado del discurso feminista y sus ventajas no te permite el agotador "multitasking", se levanta de su silla y actúa porque también se siente responsable de su hogar. El tránsito del concepto "hombre-proveedor" a "hombre-corresponsable y considerado" es bastante atractivo porque asume su rol en el equipo para sacar adelante el hogar, como amor y sin imposición. Si esta actitud se siembra en casa, durante la crianza, siendo ejemplos para los miembros de la familia, la lucha de poderes en espacios profesionales, laborales y políticos empezarán a cambiar por simple proyección. Las mujeres jóvenes feministas, y también las reacias, se sentirán parte de estos cambios globales que no buscan radicalismos sino equidad y bienestar. Ese es el horizonte sin fronteras que se hace necesario esculpir para el presente y futuro de las generaciones.