miércoles, 20 de diciembre de 2017

El poder del lenguaje para todos y todas


Recientemente se suscitó un debate por la decisión de un juez que ordenó a la Alcaldía de Bogotá D.C. modificar su eslogan, con el propósito de garantizar el lenguaje incluyente. Todos, ellos y nosotras, opinamos por redes sociales sobre si no sentíamos incluídos o no, si era relevante o necesario, si era incómodo o no. El problema era el lenguaje, la discusión era sobre la incomodidad, la estética y las reglas gramaticales. Desde Panel Sin Fronteras, un blog que se inició y se mantiene con la intención de visibilizar a la mujer y concientizar sobre las nuevas miradas y perspectivas desde el género, consideramos que esta estrategia de sensibilización y comunicación, que incluye usar los artículos y sustantivos femeninos y masculinos como muestra de presencia y existencia no tiene por qué generar molestia alguna, tan solo un remezón o despertar de nuestros sentidos a cuán invisibles e inexistentes podemos ser a causa del lenguaje. Esa es la realidad.

La violencia de género, por ejemplo, sabemos que no sólo es fìsica, también es verbal y hasta imperceptible a causa del lenguaje con los llamados "micromachismos", frases o expresiones que se quedan arraigados en el ser durante la formación y el crecimiento que solo se reflejan en la reacción ante el poder o la toma de decisiones en cualquier ámbito, personal, laboral o social. El psicoterapeuta español Luis Bonino Méndez en 1991 usó este  seudo prefijo (micro) que significa "pequeño" para una palabra compuesta que identificaría prácticas humanas que otros especialistas han calificado como "pequeñas tiranías", "terrorismo íntimo" o "violencia blanda". Pero la pequeñez no por su impacto menor sino porque no los puedes ver a simple vista si no estás sensibilizado con temas de respeto, valoración y poder en relación con el género. 

Ya hoy somos más conscientes de las palabras y conceptos que utilizamos, más que ayer y más que hace unos años. Pero siguen jugando sus malas pasadas y es, a razón del lenguaje. Entonces algo que surgió como una estrategia de sensibilización, de comunicación y por una razón bastante pedagógica, enseñar a nuestras mentes y sociedad nuevos comportamientos a partir del respeto y valoración, a la existencia de las mujeres como seres de gran riqueza espiritual, emocional e intelectual para bien del mundo, terminó siendo motivo de burla y rebelión hasta de las mismas mujeres. Sin embargo, tampoco está mal que esta situación se haya dado. Solo de esta manera se abre nuevamente el espacio para pensar, analizar y reflexionar. El feminismo es un movimiento que se ha ido transformando y ha contribuido para que seamos más humanos con los vulnerables, con los que no tienen voz y hasta los que son ignorados en la sociedad. Decir "ciudadanos y ciudadanas" no es incorrecto ni es impropio, es apropiado para decirle a las nuevas generaciones : "tanto tu como yo, somos importantes y hacemos parte de un todo."


Ahora pensemos lo que justo hace un año mantenía a Colombia a la expectativa: el caso de Yuliana Samoní. Fue una triste pero gran oportunidad para entender que homicidio agravado no es lo mismo que feminicidio, por ejemplo. La sociedad se apropió del término y empezó a entender la importancia de conocer la diferencia. Lamentablemente para esta misma época, diciembre, un año después otro caso nos conmueve bajo el nombre de Gabriela Romero. En esta ocasión, su madre con todo el derecho y dolor expresaba sobre el victimario de su hija a los medios de comunicación: "Él no puede salir de la cárcel. Tiene que pagar todo el daño que hizo, no por lo que le hizo a mi hija sino también a todas las mujeres de las que abusó". Tras el suceso anterior, se ha dado a conocer que la Policía había puesto en marcha la "Operación Pudor" y confirmó la aprehensión de 19 presuntos abusadores  en diferentes sectores de Barranquilla y su área metropolitana. Todos los hechos anteriores obedecen a razones de género y género es la forma como socializamos, nos comportamos entre hombres y mujeres, los roles y estereotipos que interiorizamos y reforzamos a lo largo de nuestra vida. La presión mediática y la interacción de las redes sociales han sido fundamentales para mantener vivo el suceso hasta llegar a los términos necesarios y sanos para la sociedad.

Ayer, en una emisora local, un locutor comentó y opinó de una forma reprochable sobre una situación incómoda en el equipo de fútbol local en la que uno de los jugadores intenta coquetear e irrespeta a la esposa de un compañero. Abel González Chávez y sus compañeros de mesa en su programa de radio están necesitando una clase de sensibilización en temas de género, "con plastilina". Ellos y muchos de los que todavía opinan de la misma forma, o peor, siguen dormidos y dormidas ante esta clase de expresiones del "micromachismo". Podría asegurar que puede llegar una nueva emisión del programa y ni el locutor en mención ni los acompañantes entenderán por qué los han juzgado y criticado tanto. Al comentar y justificar el comportamiento irrespetuoso de un hombre hacia una mujer por la forma de vestir, no tiene nada de malo porque el lenguaje hizo su siembra y el concepto ya tiene demasiadas capas. Podemos calificar de positiva la reacción inmediata de la colectividad a nivel virtual, en especial la de los hombres.

La repercusión de la situación no sólo es porque se ha dado en un medio de comunicación y replicado en otros, sino por el impacto que estos tienen en la construcción social, en los sìmbolos y los significados que culturalmente atribuímos a hombres y mujeres, así como a las relaciones entre ambos. Todo mensaje que emitimos y compartimos tiene un tono y una intención, así como el lenguaje que utilizamos. ¿por qué? porque con él reafirmamos nuestras relaciones. No decimos que se haga de forma obligatoria, pero si que se tenga la conciencia plena y respeto de por qué se hace. Entonces, aunque suene incómodo, no estemos de acuerdo, sea irrelevante, sea poco estético al redactar o hablar, el poder de todos y todas está en visibilizar nuestra existencia con valoración apropiada, un poco de ellos y nosotras en la construcción del respeto mutuo sin condicionamientos ni diferencias.