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viernes, 23 de abril de 2021

Los sonidos que alivian el confinamiento

Las medidas nos obligan nuevamente a estar, a la mayoría en casa, y eso puede agobiar, incomodar, entristecer. Quizá porque sentimos que nuestra libertad, nuestra alegría más afuera que adentro. Quizá porque necesitamos “un puente sobre aguas turbulentas” como dice el tema del duo norteamericano Simon and Garfunkel.

Cuando a uno le dicen toque de queda, confinamiento, pico y cédula o ley seca, el ánimo cambia y se rebela. Entonces la música que acostumbramos a escuchar del vecino al iniciar el fin de semana se silencia. Cosa contraria sucede con la que proviene de los árboles frente al balcón de mi hogar, más fuerte el canto de los bichofué, las guachacas, los toches de la montaña y hasta de las tierrelitas que son bastante bajos y graves.



¿Qué le estará pasando a nuestra audición en estos momentos en que nuestro ánimo silencia los ruidos o la música de alto volumen que se asocia a la alegría? Deben saber algo, una vez que los sonidos impactan en el oído se transmiten al tronco cerebral y pasa a la corteza auditiva primaria. Estos impulsos viajan a redes distribuidas del cerebro para la percepción musical, pero también para el almacenamiento de sonidos ya escuchados; la respuesta cerebral está condicionada por lo que se ha escuchado anteriormente, dado que el cerebro tiene una base de datos almacenada y proporcionada por todas las melodías conocidas.

Eso es lo que pasa con la música que escuchamos. Encuentra albergue por años en nuestro cerebro. Robert Zatorre, uno de los fundadores del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound [cerebro, música y sonido], en Canadá, describió así los mecanismos neuronales de percepción musical. 

Otra investigación de los científicos Agustín Ibáñez y Lucía Amoruso, del Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO) dice que los mecanismos cerebrales permiten anticipar acciones. Nuestro cerebro constantemente trata de anticipar lo qué va a suceder. 

Hicieron una prueba con expertos bailarines de tango . Los pusieron a ver vídeos en los que podrían prever (o no) cuándo los bailarines que observaban podían cometerían un error. La investigación reveló que 400 milisegundos antes de que se iniciara la secuencia, la actividad cerebral de los observadores ya anticipaban un  error. 

Los circuitos en la corteza cerebral involucrados en la percepción, codificación, almacenamiento y construcción de esquemas abstractos están vinculados a nuestras experiencias musicales previas. La construcción de expectativas y su posible variación es clave para una respuesta emocional.

La música en la historia de la humanidad tiene un efecto unificador. Cuando las tribus africanas, celtas, americanas, de cualquier tipo en la historia se reunían ante un hecho de difícil comprensión o de interacción espiritual y divina, lo hacían en grupo, reunidas, alrededor de una luz. Es una constante que se puede observar.

Nuestra intención es que, ustedes, queridos lectores de Panel Sin Fronteras, hoy con rutinas alteradas porque permanecemos en casa, aprovechemos para conectar con esas experiencias agradables que la música ha dejado en nuestro cerebro. Evoquemos todos esos buenos momentos almacenados que nos hacen soñar, que nos dan alegría, esperanza, paz. 

Los sonidos en medio del silencio son una buena medicina a la ansiedad e incertidumbre de estos tiempos de pandemia en 2021.

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