viernes, 31 de mayo de 2013

Graciela González, historia para contar.


Son muchas las historias anónimas que  pueden llegar a concebirse, a través de personas  que al  conocerlas  le impactan a uno el alma para siempre. Me vino entonces la magnificada imagen maternal  de la virgen y Jesús en sus brazos, a propósito de que hoy es el último día del mes dedicado a ella, para hablar de sacrificios realizados por mujeres de carne y hueso que viven y reviven cada instante desde que conciben en su ser a un pequeñito  que luego se convierten en sus hijos(as).

Conocí a Graciela, hace muchos años, en Juaruco corregimiento de Tubará, en el Atlántico, ahí ha vivido toda su vida, estudió su primaria con muchas limitaciones, pues estos corregimientos no cuentan con las herramientas necesarias y apropiadas para recibir una educación de calidad.   Me parecía una niña dicharachera y espontánea un poco extraño en los niños y niñas de la zona rural que por lo general son introvertidos, nunca le pregunte por sus sueños.  A sus escasos 14 años ya tenía claro que su opción inmediata y segura era organizarse, para tener su familia, como su mamá, las mujeres de su familia o la mayoría de jovencitas que viven en este entorno. Ahora tiene  tres hijos Andy, Anderson y Luz sheily , ellos son su razón de vivir , con la preocupación de una enfermedad cardiaca en su hija de 4 años que no ha logrado resolver … Dice jocosamente “ no seguí estudiando porque me enamoré”.

Las madres modernas que viven  en un mundo digitalizado , donde los hijos viven para la internet, olvidan que el amor construye seres nobles,   mientras la mayoría se esfuerzan por ser madres y profesionales exitosas,  otras asumen el rol, de amarles y cuidarlos para siempre; como es el caso de Graciela, sus hijos no tendrán tablets, ni computador, sus juegos se limitan a  un pequeño campo de fútbol  o a  jugar a las escondidas ,  aun así se levantan cada  mañana  con las ganas de estudiar, para tener un futuro mejor. 

Textos: Isabel Vargas Lara
isabel.vargaslara@gmail.com