jueves, 28 de marzo de 2013

Valledupar, la tierra del acordeón

Sirena del Hurtado.

Indiscutiblemente la sabiduría de Dios se ve reflejada en la majestuosidad del paisaje vallenato. Un viaje sin fatiga, con una hermosa vista, que te adentra a esta tierra de vallenatos y de acordeones, y esas cuatro o cinco horas, desde Barranquilla, en el Atlántico, pasan inadvertidas. 

Historias caprichosas  y de amores furtivos, son contadas a través de la música vallenata,  aires musicales que al igual que la cumbia identifican a Colombia. Pero no es solo la música lo que hace grande a Valledupar, es la calidez de su gente, es la historia escrita con polvo y agua de sus ríos, el Badillo, el Guatapurí, el Cesar,  los más famosos porque a ellos  les han cantado; es la grandeza de una cultura que ha sido constante y que ha perdurado con  méritos propios.

Cada rincón del valle es  sinónimo de tradición, de folclor, de identidad, es una ciudad que atrapa por su compromiso con la naturaleza,  todo espacio modificado por la mano del hombre conserva intacta la belleza de su flora, la capital del Cesar ha crecido alrededor de sus palos de mango y cañaguate, distinto a otras ciudades que arrasan con los árboles, convirtiéndose en urbes de concreto.  Custodiado por la imponente  sierra Nevada de Santa Marta, en cuyas entrañas han vivido y sobrevivido indígenas Koguis, Arhuacos y Kankuamos,  dueños de paradisiacos lugares que  han tenido que defender, primero de los  españoles y  ahora de los grupos insurgentes del país. Nabusimake, San José de Maruamake, Atanquez, Chemesquemena, son una muestra de ellos.

Rio Guatapurí, Valledupar.
Aunque la visita de turistas es una  constante, sin duda el escenario que mas público atrae es “El Festival vallenato”, Creado en 1968 por iniciativa de Rafael Escalona, Compositor vallenato y la gestora cultural  Consuelo Araujo Noguera. Este año llega a la versión número 46, y está dedicado al poeta Gustavo Gutierrez. 

Es la excusa perfecta para que nuestros lectores de Panel sin fronteras, vengan a esta ciudad de mágica belleza, dónde una niña caprichosa desafió las costumbres y  sin tener en cuenta que era jueves santo se baño en las aguas del Guatapurí, convirtiéndose  en “la Sirena de Hurtado”, cuenta la leyenda que los trasnochadores que amanecen a la orilla del río escuchan su canto.

Isabel Vargas Lara